FAMILIA PAULINA

Familia Paulina

Noche de luz: la misión especial

“La noche del 31 de diciembre de 1899, que dividió el siglo XIX del siglo XX, fue decisiva para la misión específica y el espíritu particular con que habría de nacer y vivir la Familia Paulina”, narra el padre Alberione en su obra Abundantes Divitiæ Gratiæ Suæ (AD 13), escrita para describir cómo nacen y se desarrollan, en sus primeros años, las diversas ramas de la polifacética Familia Paulina.

Aquella fue una noche decisiva, la noche de la inspiración. Desde entonces estos pensamientos, dominaron el estudio, la oración, toda la formación; y la idea, primero muy confusa, se iba aclarando, y con el pasar de los años llegó a concretarse (AD 21).

En el fondo permanecía el pensamiento de que es necesario desarrollar toda la personalidad humana para la propia salvación y para un apostolado más fecundo: mente, corazón, voluntad.  (AD 22)

Es notable el deseo y la voluntad con el que el p. Alberione reflexiona y ora por los proyectos que ya tenía en mente y que con el tiempo iría concretando. Ya para el año 1910 la visión fue aún más clara: escritores, técnicos, propagandistas, sí; pero religiosos y religiosas.  En su corazón, había nacido la Familia Paulina: “Todos estos institutos, considerados en su conjunto, forman la Familia Paulina… tienen común origen, común espíritu y fines convergentes” (UPS III, 185).

La Divina Providencia hizo nacer 5 congregaciones religiosas: la Sociedad de San Pablo, las Hijas de San Pablo, las Pías Discípulas, las Pastorcitas y a las Apostolinas (Regina Apostolorum); 4 Institutos de vida secular consagrada Agregados a la Sociedad de San Pablo: el Instituto Virgen de la Anunciación; el Instituto San Gabriel Arcángel; el Instituto Jesús Sacerdote; el Instituto Santa Familia; y una Asociación de laicos, los Cooperadores Paulinos.

Existe un estrecho parentesco entre ellas, pues todas han nacido del Sagrario. Tienen un único espíritu: vivir la vida de Jesucristo y servir a la Iglesia. Hay quien representa a todos intercediendo ante el Sagrario; hay quien difunde, como desde lo alto, la doctrina de Jesucristo; y hay quien entra en contacto directo con las personas. Se da entre ellas una íntima colaboración espiritual, intelectual, moral, económica (AD 34).

Hijas de San Pablo (FSP)

Su finalidad es idéntica a la de la Sociedad de San Pablo. Este instituto es iniciado el 15 de junio de 1915, cuando don Alberione reúne un pequeño, pero decidido grupo de mujeres a las que empeña en la difusión de la Palabra de Dios. A la escuela de Jesús Maestro, camino, verdad y vida, “nos ponemos al servicio de la Palabra con la misma solicitud pastoral del Fundador y sus horizontes universales, para comunicar el misterio de Cristo a todos los hombres con todos los instrumentos de la comunicación social” (Const. FSP, 12). Asociadas al celo sacerdotal, desarrollan en la Iglesia una actividad de capital importancia. Para saber más puedes ingresar a: (Link o vínculo de la web de las HSP).

Pías Discípulas del Divino Maestro (PDDM)

Tienen tres funciones en la Iglesia y en la Familia Paulina: la adoración eucarística, el servicio o asistencia sacerdotal y el apostolado litúrgico. Aunque pensadas antes del nacimiento de las primeras congregaciones, nacen el 10 de febrero de 1924. Ellas son “miembros vivos y dinámicos de la Iglesia, raíces profundas del gran árbol de la Familia paulina, la nutren especialmente mediante la adoración eucarística perpetua. El culto a Jesús eucarístico, que constituye el centro dinámico y la fuerza unificadora de la vida de la Pía Discípula” (Const. PDDM, 78). Esta congregación en la Familia Paulina va a la raíz de la vid para conseguir la linfa que alimenta a la planta para que dé frutos de santidad y de apostolado. Las Pías Discípulas del Divino Maestro continúan en el tiempo y extienden en el espacio la vida y las obras de la primera discípula, la Virgen María, adaptándose al camino de la Iglesia y a la evolución de los tiempos (cf. Cosnt. PDDM, 4). Para más información, puedes ingresar a: (Link o vínculo de la web de las PDDM).

Hermanas de Jesús Buen Pastor (Pastorcitas)

Ejercitan un apostolado en contacto directo con las almas y las familias sirviendo en las parroquias y realizando obras parroquiales según su condición. Sirven de puente o intermediación materna entre el pueblo y el párroco con la oración, las obras y su santa palabra. En Abundantes Divitiæ Gratiæ Suæ el fundador escribe: “Empezó a rezar por las Hermanas Pastorcitas a partir de 1908, pero dicha congregación comenzó treinta años después”: el 7 de octubre de 1938. A diferencia de otros grupos de religiosas, que con frecuencia añaden a otras actividades la de ayudar a los pastores de almas, las Pastorcitas son por naturaleza “las Hermanas de la Parroquia”. “Característica fundamental de nuestro carisma, es la participación en la misión pastoral de Cristo edificando la comunidad cristiana en comunión con los pastores de la Iglesia” (Const. SGBP, 5). “El centro de nuestra vida es la persona de Jesús Buen Pastor, a quien amamos y de quien vivimos como camino, verdad y vida, plenitud de la revelación y la salvación, y reconciliación de todo el universo, tal como lo predicó y vivió el apóstol Pablo” (Const. SGBP, 7).

Instituto Reina de los Apóstoles para las vocaciones (Apostolinas)

Son las benjaminas de la Familia Paulina, con apenas 60 años de fundación, nacen el 8 de septiembre de 1959. La finalidad del Instituto, nacido “por inspiración divina y expreso deseo de la Santa Sede”, es el apostolado vocacional, realizado especialmente con los modernos medios de comunicación social. Son, en la Iglesia, las hermanas “llamadas a ocuparse de las vocaciones” (p. Santiago Alberione), para que cada persona encuentre el sentido de la vida y su lugar en el mundo. Las Apostolinas buscan imitar en la cotidianidad de sus vidas a Jesucristo que ha dicho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14,6). Su misión las lleva a ser las Hermanas que hacen las preguntas más importantes del sentido y el significado de la vida, en las que se juega su singularidad. Como pequeñas brújulas en las manos de Dios, donan su tiempo para acompañar, guiar y capacitar a las personas, jóvenes en particular, para descubrir y vivir la vida como una alianza con Dios, por el bien de muchos y también para los suyos.

Institutos agregados a la Sociedad de San Pablo

Son institutos de vida consagrada en el mundo, y forman parte de la Familia Paulina fundada por el padre Santiago Alberione. La aprobación y erección por parte de la Iglesia se remonta al decreto de la Congregación para los religiosos e institutos seculares, fechados el 8 de abril de 1960.

Nuestros Institutos presentan las siguientes características fundamentales:

  1. La plena consagración.
  2. La secularidad.
  3. El ejercicio del apostolado.
  4. La agregación a la Sociedad de San Pablo.

Consagración plena en la secularidad

“Con la profesión pública de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, los miembros son consagrados más íntimamente al servicio de Dios y de la Iglesia…” (Estatuto, 10). En virtud de la secularidad, los miembros de los Institutos paulinos viven su consagración en las condiciones propias de la vida secular. Por ejemplo, no se contempla la vida común en el sentido canónico, si bien no se excluye la eventualidad de que haya algunos miembros que de hecho vivan en común.

Ejercicio del apostolado

A diferencia de las Congregaciones de la Familia Paulina, no puede hablarse de un apostolado propio del Instituto, sino que la elección del mismo está confiada al carisma personal de los miembros y a las necesidades del ambiente en que viven.

“Se tiene en cuenta cualquier apostolado posible al laico, sin excluir ninguno. El apostolado puede ejercerse en el ámbito, familiar, laboral, parroquial, diocesano, nacional y universal”. (P. Alberione)

Sin embargo, se debe reservar una opción preferencial a la colaboración con los apostolados de la Familia Paulina (Comunicación; litúrgico-sacerdotal; pastoral-parroquial; vocacional).

Los compromisos apostólicos de nuestros Institutos podrían resumirse así:

  1. La presencia consagrada en la familia y en el puesto de trabajo.
  2. Una actividad apostólica según las necesidades del ambiente donde se vive: parroquia, diócesis, ciudad, etc.
  3. Cualquier iniciativa de colaboración con los apostolados de las congregaciones paulinas.

Agregación a la Sociedad de San Pablo

Los Institutos paulinos son “Institutos agregados” a la Sociedad de San Pablo. Así lo ha querido el Fundador para bien y riqueza de los mismos Institutos, y así los aprobó la Iglesia. A este respecto, el Estatuto establece lo siguiente: El Superior general de la Sociedad de San Pablo es también el Superior general de los Institutos… Los Superiores mayores de la Sociedad de San Pablo… en sus respectivas provincias, son también Superiores mayores de los Institutos…” (Estatuto, 52-53). Generalmente, los superiores mayores ejercen sus funciones a través de delegados (sacerdotes paulinos).

Instituto Jesús Sacerdote (IJS):

Está constituido por obispos y sacerdotes del clero diocesano que se sienten motivados a vivir la espiritualidad de la Familia Paulina comprometidos a una imitación más perfecta de Jesucristo sumo y eterno sacerdote a través de la profesión de los consejos evangélicos. En obediencia responsable a sus respectivos obispos, se comprometen a servir no solo al rebaño encomendado, sino a la humanidad entera, inspirándose en el carisma de la Familia Paulina: “Vivir y dar a Jesucristo Camino, verdad y vida, a los hombres de hoy, con los medios de hoy”.

Instituto San Gabriel Arcángel (ISGA):

Los Gabrielinos, así llamados los miembros de este Instituto, son hombres (laicos) consagrados a Dios que, permaneciendo en el propio ambiente familiar y laboral, procuran vivir en plenitud los compromisos del Bautismo a través de la práctica de los consejos evangélicos y dedicados al apostolado en el mundo y con los medios del mundo. Tienen como protector y modelo a San Gabriel Arcángel, por ser el portador y anunciador de la gran noticia de toda la historia humana: la Encarnación. Por tanto, el Gabrielino se compromete a vivir su consagración en la cotidianidad viviendo y dando a Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida; testimoniándolo con su vida de consagración en el mundo y, difundiéndola, en la medida de lo posible, con los medios más rápidos y eficaces en la cultura de la comunicación, siendo “sal y levadura” en medio de la sociedad.

Instituto Virgen de la Anunciación (ISVA)

Lo integran mujeres (laicas) consagradas al Señor mediante la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, reconocidos por la Iglesia, en el contexto de la secularidad. Llamadas comúnmente Anunciatinas, se dedican al apostolado en el mundo y con los medios del mundo desde sus hogares y sus ambientes laborales, “actuando desde dentro de las realidades terrenas” (Estatuto). Se caracterizan por una profunda vida interior que reciben de la espiritualidad paulina, según el modelo de María de Nazaret, la Virgen de la Anunciación; quien pronta y solícita, en la sencillez de la cotidianidad, se dejó poseer y transformar por el Espíritu, abrazando el anuncio de la Encarnación de Dios y entregándonoslo después como Palabra hecha vida. La Anunciatina recibe la luz y la fuerza para su vida interior y misión evangelizadora, que es mariana y paulina a la vez; de la meditación de la Palabra de Dios y de la Eucaristía.

Instituto Santa Familia (ISF)

Está compuesto por esposos cristianos, que tienen como objetivo su propia santificación en la vida conyugal y familiar, mediante el don de los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad conyugal. Comparten la espiritualidad paulina propuesta por el Beato Santiago Alberione, comprometidos a realizar su misión mediante el amor, la educación cristiana de los hijos y la ayuda mutua para el propio crecimiento interior. Insertos en la sociedad, proponen a un ideal de vida según el Evangelio, tomando como modelo la Sagrada familia de Nazaret, siendo una presencia cristiana de evangelización en la comunidad eclesial, inspirados en el carisma y apostolado paulino en la cultura de la comunicación, según sus posibilidades.

Asociación de Cooperadores Paulinos

La integran seglares de cualquier edad y condición social. Nacidos en 1917, es la tercera fundación hecha por el P. Santiago Alberione, después de la Sociedad de San Pablo y las Hijas de San Pablo. Como asociación se identifican con el carisma y la misión paulina, cuya finalidad específica es la de anunciar el Evangelio en la cultura de la comunicación. En la medida de sus posibilidades, colaboran:

  • Asumiendo en sus vidas la espiritualidad paulina, centrada en venerar a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida; a María, Reina de los Apóstoles y a San Pablo Apóstol.
  • Colaboran en el apostolado de los Paulinos, anunciando la Buena Noticia con los medios más rápidos y eficaces en la cultura de la comunicación.
  • Promoviendo los otros apostolados específicos de la Familia Paulina: la liturgia, la pastoral-parroquial y la animación vocacional en la Iglesia.

El Cooperador Paulino, para responder dignamente a la llamada vocacional, se preparan recibiendo una formación integral: humana, espiritual, apostólica; en encuentros específicos. Deben venir dispuestos a practicar en su vida cristiana las promesas (no votos) de pobreza, castidad y obediencia según su estado. De este modo se conformarán a la vida paulina apostólica mediante oraciones, ofertas y acción con espíritu paulino:

“Necesitamos cooperadores, personas que trabajen a nuestro lado… San Pablo, en la carta a los Romanos, escrita desde Corinto, saluda nada menos a que a veinticuatro personas que le habían ayudado en el apostolado” (P. Santiago Alberione).